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Traducir es ver el paisaje desde adentro

09/10/2008

"No soy traductor ni vivo de ello. Traduzco a mis amigos y a la literatura que pueda inquietarme". Con estas palabras inició Eric Nepomuceno una clase maestra en la que mediante anécdotas, acentos y juegos de palabras plagados de referencias habló de la traducción y de la escritura y acercó las vivencias personales de algunos de los escritores más reverenciados en la literatura latinoamericana contemporánea.

De emoción, creación y técnica


De la pasión juvenil por descubrir a los amigos brasileños un libro de cuentos de Horacio Quiroga nació la faceta de traductor que después ha seguido dirigida específicamente a escritores y "poeta" presente en diferentes momentos de su vida.

El oficio de la traducción tiene dos reglas básicas para Nepomuceno: el equilibrio y la emoción. "Es una profunda fidelidad conyugal a dos mujeres, porque quiero que el lector crea que lo que está leyendo fue escrito en su idioma, por lo que más vale equivocarse que traicionar".
Además, el portugués reivindicó con pasión el rol de autor también para el traductor. "Muchas veces, cuando traduzco, me emociono como si estuviese escribiendo algo mío". Es por ello por lo que Nepomuceno se refiere en multitud de casos a la sorpresa y a la creación en el momento de realizar la primera y la segunda traducción "a mano".

"El diccionario no aparece hasta la tercera versión del texto. Es pura técnica. A mí lo que realmente me interesa es la textura de la obra, es un trabajo de artesano que no puede ser interrumpido por la búsqueda de palabras en ningún sitio".

Los Tres Juanes (Onetti, Rulfo y Gelman)

Onetti, al que se refirió como de una "ferocidad falsa", le recuerda como una de las grandes figuras de la literatura latinoamericana del siglo XX. La ciudad ficticia creada por él -Santa María- es el espejo de esa melancolía por un Montevideo que abandonó obligado y también muestra de un caracter mentiroso y de los múltiples oficios que diijo haber ejercido en su vida. "El gran éxito comercial de su última obra Cuando ya no importa es la máxima ironía de Onetti, subrayó el traductor.

Para Rulfo los calificativos de Nepomuceno no pudieron ser mejores. Traducir a aquel que le dió las lecciones más decisivas sobre el oficio de escritor que tuvo en su vida es una responsabilidad y un placer al mismo tiempo. Eric se refirió a Rulfo como "el autor más respetado por todos los escritores importantes de una u otra tendencia ideológica", y también como "el gran gigante de la literatura del siglo XX".

Las más de 5.000 páginas dedicadas a ensayos selectos sobre una obra que no pasa de las trescientas páginas entre sus dos libros, dan muestra de ello.

Para Gelman, poeta, amigo y casi familia, Nepomuceno hizo el mejor de los elogios afirmando "que la poesía es el mayor y más difícil de los géneros a los que aspirar" y que sólo se atrevió a traducirle para hacerle llegar a los amigos brasileños "esta vez por petición de mi propio hijo" y, añadió "nunca más traduciré a un poeta".

Destacó la bondad de Gelman así como la redención que en su propia vida ha tenido la escritura tras la desaparición y muerte de su hijo de 20 años y su nuera, y aseguró que al hacer una selección rigurosa de los poemas del último Premio Cervantes fue un reto para el qeu llegó a pedir ayuda a un amigo músico. "A la traducción de la infinita capacidad de la poesía de Gelman y su humor ágil sólo le faltaba la música".

Ada Aparicio Ortuñez | Madrid

Eric Nepomuceno
Eric Nepomuceno

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